
Leyenda urbana... In memoriam Sr “X”Un día lo conocí,
él tocaba una guitarra
enfrente del Teatro Nacional.
Yo jugué al reportero y le pedí
que me contara su historia,
él sonrió, me pidió un habano
y cinco mil colones a cambio…
Este fue el resultado:
Por: Fernando Alejandro León Avelar
El joven: un tipo callado, introvertido, serio, taciturno y soñador; pero a la vez extrovertido entre los introvertidos; despistado, mirada perdida, cabellera larga, muy larga, justo a la altura de la cintura; jamás andaba el cabello suelto por miedo a que lo confundieran con una chica, o por precaución a que los maricones lo abordaran; sus amigos le llamaban "X" y este con toda y su perdida de identidad dejó de creer en todas las promesas del mercado capitalista: el puesto soñado, auto, chicas, fiestas... dinero fácil. En fin, su realidad fue bien diferente y estaba consciente de ello.
Estudiaba computación en la Universidad del Norte y no le iba muy bien con la programación, sin embargo imaginaba que la gente se postraría ante él al saber que era miembro de esa prestigiosa escuela -cosa que valga decir, no ocurrió jamás-; cierto, sin lugar a dudas la escuela de computación era la mejor desde muchos años atrás, asimismo es sabido por todos que cuesta mucho entrar en ella; él fue la mejor nota de ingreso de su humilde colegio rural, aún así entraba a la universidad con grandes vacíos y desventajas en relación con sus compañeros de clase... Estaba feliz de haber entrado, pero la gente ingresaba en la escuela creyendo que se convertirá en la revolución informática del siglo XX, un Bill Gates del mundo virtual. Poco tiempo después, "X" disfrutaba de la noche y sus peligros... drogas, sexo, licor todo por igual, era joven y decidió descubrir lo prohibido... y se perdió lentamente, justo en el silencio de la noche.
Dejemos que las voces del pasado hablen por ellas mismas y cuenten la Leyenda de “X”.
Estaba un poco desilusionado, creyó que sería rápidamente aceptado como niño genio en ese mundo universitario, pues en el pasado todos lo consideraron así… Tal vez se habían formado una idea muy alejada de su capacidad real, esperaban más de la cuenta y de hecho, así había ocurrido: sus familiares, amigos, maestros, conocidos, todos guardaban cierta esperanza en él, siempre había sido el joven ejemplar, el orgullo… Era como si esperaran demasiado, pero un día, se dio cuenta que no lo lograría, no pudo dar el mínimo exigido, las cosas ya no eran más como en secundaria o en escuela y el debacle fue inevitable.
Resulta que este individuo empezó a sufrir en silencio; se sintió impotente, se dio cuenta que algo en él comenzaba a fallar y callaba las amarguras cotidianas que representa ser joven…El sufrir de vivir a cada instante una realidad bien diferente a la de los catálogos americanos y un desinterés general de la sociedad; poco a poco, descubrió los diferentes vicios de la sociedad y se dejó envolver por ellos, llevaba tres años de malos resultados en la universidad y ante los ojos de los demás no era más que un pargo, simplemente: un vividor.
Su familia no marchaba nada bien y en más de una ocasión le pidieron que se marchara de casa pues era una carga al estrecho presupuesto familiar; sin embargo, él ignoraba estas peticiones al no tener otra perspectiva mejor de la vida: mentía una y otra vez, decía que le faltaba poco para graduarse y que estaba próximo a obtener un buen empleo que en realidad nunca buscó... En su interior, le hubiera gustado poder alivianar la precaria situación financiera de su familia, pero se dio cuenta que su aventura académica era más una estafa que un éxito; como sea, era consciente que al menos ahí, en ese cuchitril, tenía un techo para llegar a dormir y en ocasiones algo de comida caliente.
Incluso había tenido que pelear con varios pordioseros, mendigos y delincuentes en la calle por unas cuantas piastras; en alguna ocasión recogió una colilla de cigarro encendida que un conductor desechó a su paso... quería saber cuál era el sabor y el aroma del dinero, cerró sus ojos y se vislumbró a sí mismo rico y poderoso; pero, la realidad era otra, estaba solo, no tenía un peso, sentía hambre, veía la injusticia y el maltrato a su alrededor; vivía en una zona urbano marginal, su realidad estaba muy por debajo de esa línea de pobreza que enunciaban con bombos y platillos los estadistas y tecnólogos del gobierno.
Muy dentro de él, sabía que era joven y que tenía potencial. "X" pensaba que un día podría ser como un superhéroe, muy a su estilo claro está: jeans desteñido, cabello largo, barba y aspecto irregular; él sería el Robin Hood que pondría orden en la sociedad industrializada y desigual del siglo XXI. Y es que ya había arriesgado su vida en varias ocasiones, desde cuchillos hasta tiroteos... Pero la gente simplemente no creía en superhéroes de importación, debía subsistir y ahora él buscaba refugio al dolor en la marihuana y el crack.
Es un bufón, pensaban los demás cuando lo veían pasar, prácticamente un “Don Nadie”… Sin embargo, "X" tenía sueños de conquista; sabía que nadie creía una palabra de lo que decía. Ahora que me acuerdo de su historia…resulta que él nunca conoció el amor -y dicen que lo buscó en cantinas, tabernas, burdeles y chinchorros de mala muerte... bueno, por donde no anduvo ese hombre- la adolescencia no llegó a él sino hasta pasados los 20 años, deseaba vivir en el lujo, el desenfreno y la opulencia, pero no tenía dónde caerse muerto. Siendo realistas, únicamente contaba consigo mismo y sea, con como sea su experiencia frustrada de vida.
Dicen que a veces perdía la noción de la realidad, empezaba a hablar solo, discutía con quien se le atravesara en el camino y a veces filosofaba como un necio Quijote. Sus cigarrillos le permitían reflexionar sobre sí mismo y los demás; nadie sabía por qué lo hacía… Se perdía lentamente en sus pensamientos y luchas sociales; en cierta forma era el medio que él había encontrado para darse confianza y sentirse más liberado de una sociedad que consume a las personas, se escondía sus puchos y reflexionaba hasta sacar sus propias conclusiones de la vida: “La igualdad no existe”. Sabía que a pesar de todo lo que había pasado estaba aún muy por debajo del “tipo promedio”, inclusive del tipo más pobre del cual él tuviera razón.
Caminaba por las calles de San José, había cambiado su atuendo: gafas negras, gabardina negra, pantalón de mezclilla negro, camisa manga larga...negra, bufanda y guantes... Sí negros también…toda esta indumentaria había sido debidamente comprada en la ropa americana. Él quería ser diferente y se propuso darle forma a su proyecto. Tal vez sería bien recibido con los “dark” que se reunían periódicamente enfrente de la Mc Donalds en la Plaza de la Cultura, pero constató que estos últimos son hijos de una elite burguesa y como tales siguen una moda pasajera. Él no, él deseaba sumergirse en el silencio y desaparecer ante la indiferencia de la sociedad. A él no le importaba ser un “emo”, un “rockero” o un “otaku”… él quería expresarle al mundo lo que sentía.
Hizo algunas labores mal remuneradas para poder pagarse todas las tonterías y vicios que pasaban por su mente; a fin de cuentas, era lo único que tenía y lo reconfortaba en ese entonces para no sentirse tan vacío. Con el mísero ingreso que recibía, asistía a menudo a algunos bares y prostíbulos donde creía reconocer Dulcineas deseosas de ser rescatadas de su situación; pero como era de esperar, era muy reservado en su consumo, casi que lo hacía para exhibirse y darse a conocer en el medio. Repetía su extravagante atuendo todos los días y este se desgastó rápidamente. Hecho que los demás remarcaron no sin un aire de lástima y vergüenza ajena.
No obstante, él creó así un núcleo alrededor suyo de personas… Como él, una pseudosociedad de jóvenes que, detestaban el mundo en que vivían, era una subcultura y así se reconocían. Sí: “la que grita en silencio y se oculta entre sombras de dolor”. Si antes estaba mal, ahora estaba peor: había dejado la universidad por completo -valga decir, perdió la beca que tenía- pues su rendimiento era peor que pésimo; empezó a consumir algunas drogas más fuertes que conseguía, al principio fiadas en un bunker cercano, luego estaría sumido en deudas y se escondería de matones que lo perseguían por la antigua deudilla…Otro pequeño y significativo detalle era que el padre tenía al menos tres meses sin trabajo y la situación se volvió insostenible.
Hundido en varios prostíbulos de la ciudad capital, sabía que su entorno no le era muy favorable. Asistía a esos sitios para saber como ser un gran hombre y al tiempo analizó lo absurdo de su discurso. Constató que lo único que había ganado eran algunas enfermedades de transmisión sexual en forma de granos y extrañas callosidades. La gente reía ante sus discursos y sus ideales. Había tocado fondo, lo sabía bien, sin embargo él deseaba vivir y luchar; pero era un muerto que caminaba sin rumbo en la ciudad que lo odiaba.
Sabía que sus fuerzas eran muy inferiores a sus aspiraciones y además que el camino era largo; después de plantear varias metas, se dio cuenta que podía ayudar a su comunidad y así salir de ese círculo vicioso en el cual se encontraba sumido; fue a la Basílica de los Ángeles en Cartago y se lavó con agua bendita todo el cuerpo; estaba decidido a construir una nueva vida, después de todo: bien que mal, él poseía una educación mayor que la gran parte de personas que le rodeaban y estaba dispuesto a pelear por los suyos.
Respiró un segundo y se dio cuenta que su educación era de verdad lo único que tenía. Encontró a algunos de sus conocidos de antaño y estos le recriminaron el abandono, pero "X" estaba dispuesto a cambiar, adiós a las fiestas, la vida de burdeles, las drogas y las borracheras. No supo cuando cambió, recuerda un sentimiento de impotencia y desesperación…recuerda un grito sonoro…Pero no más… ¿qué hice mal? se preguntaba; con todo el porvenir que mis maestros me anticiparon, ¿en qué momento fallé? Claro está, "X" no obtendría ninguna respuesta a sus interrogantes.
"X" cortó su gran y larga cabellera maltratada, la tenía en su mano y sintió entre sus dedos toda la desilusión de ser joven: miles de puertas cerradas, los errores de antaño, pero era poseedor de algo más: una persistencia infinita. Se aferró a eso, descubrió en cada pequeño instante la alegría de vivir, borró de su mente todos esos momentos de lástima y burla que lo lastimaron pero a la vez cargó con cada una de esas enseñanzas como si fueran heridas de guerra.
Así transcurrieron los años. Se dio cuenta del daño que había hecho y de lo difícil que sería repararlo: ¿su familia?, milagrosamente aún se mantenía unida, al momento de su reacción estaba al borde de la desintegración, consciente de sí y de su cambio, agradeció al cielo por esta nueva oportunidad de salir adelante, estaba decidido a cambiar y a luchar con todas sus fuerzas por ello.
Demasiado necio… Debió bajar cabeza mil y una veces. Jamás lo hubiera creído, tuvo que reconocer sus errores. Se volvió a equivocar varias veces, tal vez sin quererlo. Pero esta vez aprendió de los errores y confió en el avenir. Así pasaron los años y "X" trabajó día tras día y envejeció… ¡Oh el loco de "X"! su blanca barba lo acompañaba junto con su paso lento y seguro; años después, al verse sentado al frente de una mesa, una lagrimilla carroñera salió repentinamente de él sin consultárselo: estaba alrededor de los que quería, su familia logró salir adelante, dio nuevamente gracias al creador supremo por poder contar una historia de reconstrucción y lucha.
Al recordar su leyenda urbana los demás creen que se trata de ecos del pasado, algo así como un pseudos mito que caminaba por las calles josefinas, pero una lluvia de estrellas fugaces evidencia que este ser de roca había pasado verdaderamente por el fuego. Desearía poder volver atrás pues ahora tiene más experiencia, tal vez esta vez sería más capaz de enfrentarse a todo lo que un día terminó por hundirlo…Reconoce lo imposible de este deseo y sale a dar un paseo. Tranquilo, lentamente, con la satisfacción del camino recorrido. Su silueta se pierde en el horizonte junto con el sol, desde su juventud no disfrutaba de un hermoso atardecer como ese...
Al día siguiente los periódicos anunciarán su trágica muerte, atropellado por el tren, su vida se extinguió en un suspiro.
¡No volverá a tocar en la Plaza de la Cultura!, al tiempo nadie echará de menos el sonido de su vieja guitarra, eso es seguro, pero su leyenda sólo se perderá cuando esta historia desaparezca por completo y sea sacado de la memoria de todos aquellos que lo conocieron en el transcurrir del tiempo. Nunca se casó, no tuvo hijos, no escribió un libro ni sembró un árbol, simplemente... sobrevivió en un mundo de veneno, pirata citadino en un mar de asfalto gris, lo demás es parte de esas historias que se pierden en el mar.___________Última edición: viernes 30 de octubre del 2009Leyenda urbana... In memoriam Sr “X” (actualizado)Fernando Alejandro León AvelarCualquier consulta, sírvase dejar un comentarioo contácteme a: fernando.leonavelar@ucr.ac.cr